
“Una mujer deberá ante todo desear ser respetada y no hacer que su felicidad dependa de un ser que está sujeto a las mismas debilidades que ella”
Mary Wollstonecraft
Mary Wollstonecraft
En la era de las comunicaciones, la televisión nos ha traído la imagen perfecta de las distintas culturas del mundo entero, las supuestas “necesidades” de una mujer. Las estructuras nos educan para ser consumidoras; incluso de nuestra imagen: zapatos a la moda, ropa de diseñador, maquillaje para las imperfecciones, cremas anti-edad, productos para tu hogar, la casa de toda tu vida, la boda de tus sueños.
Confieso que mi infancia crecí con la idea de encontrar a un hombre que me mantuviera y me hiciera feliz, ser bonita para él y atenderle con mucho cariño. Sufrí ante la idea de ser la mujer perfecta. Pensaba en las consecuencias de no ser linda: quedarme sola. Envejecer sin alguien con quien compartir experiencias de mi vida. Sin embargo llegó el momento en que tomé las riendas de mi futuro. Mis decisiones fueron contrarias a lo establecido, me convencí de que la belleza era para las mujeres que se destinaban a un hombre por miedo a la respuesta de una sociedad llena de prejuicios.
Hoy, a mi corta edad, se que la felicidad se construye a base de decisiones personales a nuestro beneficio sin perjudicar a las demás personas. Mi belleza es mía y si me arreglo y adopto todas esas necesidades propias que la televisión me dio es porque me hacen felices, me gusta verme al espejo y pensar que me puedo comer al mundo de un solo bocado, de igual manera si no estoy arreglada. La diversificación de culturas debe de seducirnos e identificarnos tomando así características convenientes a nuestra persona, no para imponernos una identidad a beneficio de los demás.
Creo que somos mujeres que podemos tomar los miedos de nuestra propia persona y convertirlas en la mejor virtud. Si el solo hecho de “ser mujer” es “penoso o repugnante” para “ellos”, demostremos que ser mujer es lo que mejor que nos pudo pasar. Adoptar conciencia y seguir el camino de la lucha como nuestra principal arma ante el mundo entero. No somos un número ni pertenecemos a un grupo vulnerable maleable a sus necesidades, nuestra vulnerabilidad se da por el despojo de nuestra integridad como parte de ésta sociedad excluyente. Somos lo que somos, mujeres libres de pensamiento, de acción. Así como fallamos sabemos acertar, nos encontramos en una constante lucha ante los demás y ante nuestra subjetividad. Bastante se le ha dañado a nuestro “yo”, no somos producto de los otros, somos el producto de nuestras acciones así como de sus consecuencias. No me subordinaré ante una imagen igual de frágil que la mía, ni adoptaré características convenientes para un hombre. Porque no solamente se es violentada con golpes sino con imágenes e imponencias convencionales. Cambiemos el rumbo de la nueva mujer que ha de nacer.
“Este cuerpo es mío, no se toca, no se viola, no se mata!”
Erika Corpus.
7mo semestre
Sociología
Bien, todos contra "El machismo" ;)
ResponderEliminarHa ha.