
Ya lo sabemos, nos lo han dicho hasta el cansancio; hay vacíos que nunca terminan por llenarse, hay soledades que ni con un puñado de compañía se combaten; pero yo, amor mío, creí que esas cosas ya no aplicaban en mí. No hay suficientes Adagios para alargar la lenta agonía que le das al poco corazón que me queda. Nadie trate de detenerme... la sobriedad y la cordura no están en éste cuerpo. Estoy lista para caer al precipicio de la locura...
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